Ningún ser humano es ilegal

Ningún ser humano es ilegal

Me llamo Juvénal, soy ruandés, tengo 31 años y después de más de dos décadas en España, he podido por fin regularizar mi situación gracias a los abogados del despacho Tramites Fáciles Santander Abogados & Asesores, quienes se ocuparon de mi asesoramiento jurídico con acreditada experiencia y solvencia profesional en el ámbito del Derecho de Extranjería. Mi historia es como la de cualquier refugiado, venga del país que venga… Llegué a España como muchos de mis compatriotas durante el año 1994, huyendo de mi país del que tuve que salir forzosamente porque en él se estaba perpetrando un terrible genocidio hacia la población tutsi, comunidad de la que yo formaba parte. Cuando estalló el conflicto, yo tenía por aquel entonces poco más de 11 años. No recuerdo los hechos con nitidez –quizá sea porque mi mente así lo desea–, pero de lo que sí me acuerdo perfectamente son de las palabras que me dijo mi padre, a saber que si veía a hombres vestidos con largos abrigos negros y armados con cuchillos, armas, etc., debía esconderme, quedarme quietecito sin hacer ruido, esperar a que todo se volviese silencioso y salir corriendo tras haberme asegurado de que ya no había nadie.

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Yo tenía mucho miedo, sin embargo actué tal y como me lo había dicho mi padre

A la mañana siguiente, de camino para la escuela, vislumbré a lo lejos las siluetas de varios hombres muy altos armados con lanzas y palos. Mi corazón dio un vuelco y un miedo tremendo se apoderó de todo mi ser. Empecé a temblar y me oriné encima. Yo no pensaba que iba a tener que poner en práctica tan pronto el consejo avisado de mi padre, pero así fue… Me agazapé tras unos matorrales y durante un tiempo que me pareció infinito no me moví, apenas me atreví en respirar y esperé… Aunque me tapara los oídos, pude escuchar sin embargo durante horas los gritos y llantos de mi maestra, así como los de algunos de mis compañeros. ¡Fue horrible! A día de hoy, cuando cierro los ojos a veces los sigo escuchando… Y poco a poco cesaron y volvió el silencio. Un silencio de muerte… Cuando por fin me atreví a salir de mi escondite era de noche, pero a pesar de la oscuridad, al pasar delante de mi escuela la luna llena me permitió ver el cuerpo desmembrado, ensangrentado y desnudo de mi maestra, así como los de mis compañeros de clase. Entre los cuerpos torturados también se encontraba el de Niara, mi “enamorada”. Yacía en el suelo con los miembros rotos, se parecía a una pobre marioneta desarticulada. Sus ojos bien abiertos expresaban el terror y el calvario que había sufrido. Fue demasiado para mí. Las lágrimas brotaron de mis ojos y me puse a correr, a correr…

Miedo, errancia e incertidumbre

Cuando llegué a casa, me la encontré vacía y con los muebles tirados en el suelo. Un sudor helado me recorrió la espina. ¿Qué había sido de mis padres y de mis hermanos? Los vecinos parecían asimismo haber desaparecido. ¿Pero qué estaba pasando? No lo sabía, pero de allí debía huir… Cogí agua, un trapo en el que guardé un poco de comida y salí. Anduve y anduve sin rumbo junto a miles de personas durante “siglos”… A partir de entonces, mi vida fue una vida de errancia y miedo, de búsqueda e incertidumbre, como la vida de cualquier migrante, pobre, vulnerable y varado en el mar hasta llegar, después de no sé cuánto tiempo ni cómo, al continente europeo… ¡y vivo! A día de hoy, todavía no sé lo que fue de los míos. Supongo que como las 800.000 personas asesinadas entre abril y julio de 1994, yacerán en una de las múltiples fosas comunes de Ruanda o ¡a saber dónde! Pese a ello, quiero seguir esperando y luchar por encontrarlos un día. En mis andaduras y luchas me han acompañado y seguirán haciéndolo los abogados del despacho Tramites Fáciles Santander Abogados & Asesores. Gracias a ellos, soy a día de hoy un ciudadano con todos sus papeles en regla, aunque me gustaría añadir que por mucho que se diga, ningún ser humano es ilegal, ¡pues nadie huye nunca de su país, dejándoselo todo y jugándose la vida por placer! Y lo que está pasando en la actualidad con los refugiados sirios me lo recuerda día tras día y me lleva años atrás. Ningún ser humano debería ser expuesto a semejante barbarie…