Cumplir con la legalidad es algo que llega hasta la familia. El concepto de esta palabra es bastante amplio y, por un lado, tan simple como, por otro, complejo. Comprenderlo es imprescindible cuando se trata de los aspectos legales que implican situaciones como la separación o la custodia de los hijos. Cuando una relación de pareja funciona, poco se piensa en el derecho de familia, pero cuando las cosas no van como deben, un abogado especializado en esta rama es indispensable.
Dentro del mundo del derecho existen muchas ramas, una de las cuales es el derecho de familia, que tiene la finalidad de sentar las bases y las normas adecuadas para la regulación del matrimonio y la separación en general. También es la rama que se centra en la preservación de los derechos de los niños y los menores de edad, sobre todo cuando se produce una disolución del ciclo familiar.
Cuando la pareja se rompe, se acerca un divorcio, se producen problemas sobre la custodia de los hijos o simplemente existe la necesidad de comprender el terreno por el que te mueves antes de dar un paso importante en el aspecto familiar, el derecho de familia es la clave. Una de esas materias que casi nadie estudia hasta que la propia vida te obliga y llega el momento de aprender con prisa y en un momento inadecuado.
Aunque pensemos que no nos va a hacer falta recurrir a estos profesionales del derecho, nunca está de más conocer sus funciones. Ellos mismos aseguran que la mayoría de los clientes que pasan por sus despachos no tienen muy claro qué abarca el derecho de familia y qué es lo que dice la ley al respecto. Así que vamos a conocer un poco sobre lo que dice la ley respecto a la familia.
Un derecho imprescindible
El derecho de familia es la parte del ordenamiento jurídico encargada de la regulación de las relaciones que se producen entre las personas que componen una familia. Esto incluye a los cónyuges, las parejas, los padres, los hijos, los abuelos y el resto de parientes. En un lenguaje más llano, se trata del conjunto de reglas por el cual se decide lo que pasa con los hijos, con los bienes y con las obligaciones de cada uno cuando se crea una familia, funciona o se rompe. De esta manera nos lo han explicado desde Cristina Pérez Caballero Abogados, donde la defensa empieza con cercanía, compromiso y experiencia y están especializados en derecho penal y civil, además de abordar divorcios, custodias, pensiones, herencias y conflictos patrimoniales en el ámbito familiar.
No se trata de regular los sentimientos, que es algo que no regula nadie, salvo el que siente; se trata de regular las consecuencias jurídicas de esos sentimientos. Esta rama forma parte del derecho civil, el que rige entre los particulares y cuya mayoría de normas salen del Código Civil. La particularidad de esta parte del derecho es que no se discuten contratos ni números; se discute lo más íntimo de las personas: sus hijos, su casa, su pareja, el dinero ganado durante el matrimonio, etc. De ahí que se considere como la materia más humana y dolorosa del derecho.
Esta rama ha cambiado notablemente a lo largo de las últimas décadas. La familia de hoy no se compone solo del matrimonio tradicional con padre, madre e hijos. Existen parejas de hecho, familias monoparentales, parejas del mismo sexo, hijos fuera del matrimonio, segundas y terceras parejas con hijos de otras relaciones. El derecho de familia ha tenido que ir tras la realidad social para poder proporcionar la cobertura adecuada a todas las formas de convivencia actuales y todavía corre tras ellas.
El matrimonio es una de las instituciones centrales del derecho de familia, por lo que hay que saber que casarse es algo más que tener una bonita ceremonia. Implica asumir una serie de derechos y obligaciones que la ley te impone, lo sepas o no. Al casarse se adquieren deberes de respeto, fidelidad, convivencia, socorro mutuo y, sobre todo, la obligación de contribuir a las cargas del matrimonio según las ganancias de cada parte del mismo.
Lo que más conflictos genera no son los deberes personales que cada pareja gestiona como puede, sino la parte patrimonial. Al casarse, se entra en un régimen económico que decide de quién son los bienes adquiridos, cómo se responde ante las deudas y cómo se reparte todo si la relación se termina. Si no se firma nada, en la mayor parte del país se entra de forma automática en sociedad de gananciales, en la que casi todo lo que se genera durante el matrimonio es de los dos.
El matrimonio es, además de un compromiso emocional, un contrato económico silencioso que se firma el mismo día de la boda sin que las cláusulas sean explicadas. La inmensa mayoría de las parejas se casan sin saber el régimen económico en el que entran y solo se enteran el día que se divorcian. El peor momento para descubrirlo.
Divorcio, separación, reparto de bienes, hijos
Sin lugar a dudas, el divorcio es el procedimiento más frecuente dentro del derecho de familia. La forma legal de finalizar un matrimonio rompiendo el vínculo de forma definitiva. La buena noticia es que la ley ha simplificado mucho la cuestión y no hace falta alegar causas ni culpables; tan solo es suficiente con que una de las partes no quiera continuar con el matrimonio.
Hay dos caminos: el divorcio de mutuo acuerdo en el que los cónyuges pactan las condiciones y firman un convenio regulador en el que se acuerda quién se queda la casa, cómo se reparten los bienes, la custodia de los hijos, etc.; y el divorcio contencioso, cuando no existe acuerdo y el juez decide todo lo expuesto tras una larga pelea procesal.
La separación legal permite que los cónyuges vivan separados manteniendo el vínculo matrimonial sin disolverlo. En la actualidad se utiliza poco, ya que la mayoría prefiere el divorcio, aunque sigue siendo una opción válida para aquellos que no quieren romper el matrimonio totalmente.
Uno de los temas más candentes regulados por el derecho de familia es el reparto de los bienes. Lo que pasa con el patrimonio cuando se disuelve el matrimonio es un asunto espinoso en la mayoría de los casos. Aquí entra en juego el régimen económico y el resultado cambia de forma radical si se trata de gananciales o si existe separación de bienes.
En gananciales hay que hacer una liquidación de la sociedad de gananciales y repartir entre las dos partes; y si existe separación de bienes, todo resulta más sencillo ya que cada parte se queda con lo suyo. Existe además la pensión compensatoria pensada para que el cónyuge que renunció a su carrera para cuidar del hogar y los hijos y, en consecuencia, queda en desventaja económica con un divorcio tenga algo. No es automática ni para siempre, pero existe y hay que contar con ello.
Un terreno en el que el derecho de familia se pone serio es cuando existen hijos menores. Aquí rige un principio por encima de todo: el interés del menor y lo que le conviene a él y no a sus padres.
La custodia decide con cuál de los progenitores van a vivir los hijos tras la ruptura. Puede ser una custodia exclusiva para uno de los progenitores, con régimen de visitas para el otro, o custodia compartida, en la que se alternan los periodos de convivencia con cada parte. El derecho de familia ha evolucionado hacia la custodia compartida cuando lo permiten las circunstancias, ya que la ley reconoce que a los hijos les conviene mantener una relación estrecha con ambas partes.
Hay que saber que la custodia compartida no quiere decir necesariamente que el tiempo se reparta al cincuenta por ciento ni que se pague pensión. Cada caso es un mundo y es el juez quien valora la disponibilidad de cada progenitor, la cercanía de los domicilios, la edad de los niños, su grado de madurez y su opinión.
El régimen de visitas regula cuándo y cómo puede estar con sus hijos el progenitor que no tiene la custodia. No se trata de un derecho del padre o de la madre, sino del niño. La patria potestad es quien decide lo importante de la vida del niño, como a qué colegio va, la religión que profesa, dónde vive, el tratamiento médico que recibe o si se le saca el pasaporte. Esta se mantiene compartida entre los padres, aunque la custodia la tenga uno.
Además de todo lo expuesto, el derecho de familia se encarga de la regulación de las parejas de hecho y la filiación, alimentos y otros lazos. Aspectos que trataremos en otro artículo, ya que este se queda aquí y no nos da para más. Aunque, como hemos podido comprobar, el derecho de familia es una de las ramas del derecho más interesantes que a todos nos afecta en alguna medida, ya que todos somos parte de una familia, la que no elegimos y la que podemos crear. En caso necesario, un especialista en derecho de familia es lo más adecuado para salvar la situación.


